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Sorpresa: El Ford Fairlane que apareció enterrado en un jardín en Toay, La Pampa

Un grupo de amigos de Toay, en La Pampa, decidió en el año 1995 comprar un viejo Ford Fairlane para participar en el Supercar Pampeano. El vehículo pasó sin pena ni gloria por las competencias hasta que en un momento se le perdió el rastro. En los últimos días, una vecina de esa localidad pampeana […]
20 de julio

Un grupo de amigos de Toay, en La Pampa, decidió en el año 1995 comprar un viejo Ford Fairlane para participar en el Supercar Pampeano. El vehículo pasó sin pena ni gloria por las competencias hasta que en un momento se le perdió el rastro.

En los últimos días, una vecina de esa localidad pampeana acordó con un grupo de trabajadores la instalación de una pileta en su patio para prepararse para los cálidos días del verano, pero al comenzar con la excavación apareció una sorpresa: había un vehículo enterrado en el lugar.

La historia publicada por el diario La Arena se hizo conocida en un corto lapso de tiempo y se pudo rearmar a partir de la búsqueda de quien fue el piloto de ese auto en sus días de competencia, el vecino Feliciano Rau.

“Yo era el piloto de ese auto. Eramos cinco socios que lo compramos en el 95′ y lo pusimos en el Supercar Pampeano pero solo por participar, porque nunca ganamos nada”, le dijo Rau a La Arena horas después del hallazgo. “A mí me habían dicho que estaba enterrado pero nunca lo creí, eso que me decían ‘andá al terreno, clavá una estaca y vas a tocar el techo porque está ahí no más’”, añadió.

Y era verdad, el techo estaba a unos pocos centímetros de la superficie. El vehículo apareció bastante arruinado por el paso del tiempo y los efectos de la humedad, pero como se observa en la imagen que acompaña esta nota aún se pueden ver las publicidades de una conocida empresa petrolera, de una panadería local, y el número 67 con el que encaraba las competencias.

Ahora ¿cómo terminó el Fairlane en el patio de la dueña de casa?

“Como dije, nosotros teníamos una sociedad con la que armamos el auto y competimos durante ese año. Pero después el auto empezó a fallar cada vez más seguido hasta que se tomó la decisión de hacerle un motor nuevo”, recordó Rau. “En ese momento yo tomé la decisión de desvincularme y el resto siguió y le cambió el motor”, agregó.

Con la nueva mecánica, el Fairlane volvió a los circuitos pero las cosas no iban bien. “Cuando se dieron cuenta que el nuevo motor no iba a funcionar decidieron que era momento de desarmarlo. Para eso se juntaron un día a comer un asado en ese lugar y cada uno empezó a decir que se quería quedar con alguna parte del auto como la caja, por ejemplo. Fue así hasta que uno dijo que nadie se iba a quedar con nada, que al auto lo iban a enterrar”, contó Rau.

Al cabo de algunas horas comenzaron a cavar con la ayuda de una máquina hasta lograr meter el auto en el pozo. “Se que se les rompió la pala y por eso tuvieron que enterrarlo cerquita de la superficie”, finalizó Rau.

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