Arte

Cuando la calle habla, la ciudad late con poesía: el street art de BIH

Por Milena Heinrich Desde la instalación de una caja fuerte debajo de un puente hasta un mural hecho de facturas de luz y gas o una casa envuelta en papel de regalo color dorado, el artista callejero Sebastián Andreatta, conocido por su firma BiH, apuesta por la intervención urbana desde la poesía, la estética y […]
Redacción
16 de septiembre

Por Milena Heinrich

Desde la instalación de una caja fuerte debajo de un puente hasta un mural hecho de facturas de luz y gas o una casa envuelta en papel de regalo color dorado, el artista callejero Sebastián Andreatta, conocido por su firma BiH, apuesta por la intervención urbana desde la poesía, la estética y la metáfora como forma de construir sentidos polisémicos cuando se camina la ciudad, a través de un arte que abre el potencial a lo inesperado sobre la vía de un tren, en una esquina o en una pared.

Su firma artística lleva las iniciales de un viaje que para él fue revelador por Bosnia y Herzegovina, país que recorrió hace cinco años en una visita a la región balcánica para transformar las heridas de una compleja relación. Desde entonces, y con el gesto del deseo que busca reinventarse, Andreatta se armó lugar en la escena del arte callejero porteño, sin saber muy bien para dónde iría todo ese fervor artístico que se imponía como necesidad.

El artista Sebastián Andreatta sacó su escritorio a la calle, como corresponde. Foto IG bih_art

Antes de que esas tres letras fueran la firma detrás de los 150 calzones colgados en una plaza ubicada al lado de un museo nacional o de la serie de afiches donde las señaléticas se transforman al incorporar la palabra, como la frase "El miedo en su lugar" y la imagen de una silueta tirando la basura, Andreatta trabajaba como ingeniero de sonido: hacía producciones musicales en cine y publicidad y tenía un estudio de mastering. Pero ese viaje movilizador, que lo impactó mucho con la historia reciente de Sarajevo, le reveló un nuevo camino: "Necesité expresar todo ese volcán de sentimientos y sensaciones que tenía. Y eso devino en la primera serie de afiches de señales de tránsito que hice de un día para el otro: una noche me senté, las diseñé y al otro día las imprimí y las salí a pegar".

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Hoy su trabajo se combina entre obras por encargo -está haciendo la preproducción de un mural para la multinacional Warner, una acción para Mastellone y acaba de estrenar una instalación en el Patio de los lecheros- y obras propias, esas que coloca en las calles sin pedir permiso, las que se abren a lo inesperado en el puente de la vía de un tren, en la esquina de una casa o en una pared más del montón. Entre las últimas está el mural que hizo con facturas de luz y gas que juntó durante dos años del departamento donde vive y la lapidante frase "cuesta tener energía" como símbolo de la "múltiple interpretación de lo que cuesta pagar la luz y el gas con cuesta tener energía para vivir", dice en diálogo con Télam.

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Andreatta escribió en su IG: "Pasando factura. Stencil sobre todas mis facturas de luz y gas de los últimos dos años. Una bomba sobre una bomba propia previa. Otra vez la polisemia. Una frase que se mece entre la dificultad del día a día. Y la dificultad de llegar a fin de mes para una parte muy grande de la población. Cuéntenme si les cuesta mas llegar al final del día o a fin de mes". Un genio

Como quien explora la infinidad de símbolos y materialidades, Andreatta viene trabajando distintos soportes. Empezó con las señales de tránsito, sumó afiches con oraciones cortas como los de la serie "Caracteres y aforismo anal", incorporó pasacalles que invierten el destinario individual y se dirigen a muchos con frases como "Te fuiste y sin embargo te dejaste por toda la casa" o "Que andemos perdidos, no significa que lo estemos", y en los últimos años el formato site specific tomó la posta, "se instaló en un lugar de deseo mucho más grande", confía.

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Hace dos años, puso una caja fuerte en un puente del barrio porteño de Palermo para jugar con la frontera entre lo privado y lo público ya que cualquiera podía acceder a través de un código que el artista compartía en su red social. La condición: dejar algo para continuar el intercambio entre desconocidos.

"Hoy no me representan demasiado los primeros afiches, no tienen que ver mucho conmigo, sí con la persona que era hace cinco años. Creo que es importante para un artista poder dejar por más que a la gente le haya gustado. Hay que indagar y seguir en el espiral de la búsqueda artística", asegura este creador que encuentra "limitaciones" en su producción como no saber pintar. "Esa falta se revierte cuando creo otras herramientas, otras tecnologías; trato de sobreponer a mis faltas y creo que eso es la creatividad: encontrar soluciones a planteos o situaciones que se muestran de manera difícil".

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Andreatta, que en redes es bih_art y lo siguen más de 42 mil personas, busca que "las obras funcionen como obras", es decir, que sean polisémicas: "El símbolo tiene la capacidad de ser una representación de múltiples significados; el símbolo es el continente, un triángulo, pero los significados, lo que está detrás del símbolo es tan diverso como gente que pueda interpretarlo. Por supuesto que hay significados que pueden ser comunes en el inconsciente colectivo. El triángulo está asociado a la deidad, a lo sagrado porque tiene dos patas en la tierra y uno en el cielo. Mi configuración tiene que tener esa característica polisémica o de muchos significados, incluso cuando es muy simple como la frase "Barajemos la posibilidad de repartirnos de nuevo´ pero no hay un significado lineal", piensa.

Street art

Hacer arte en la calle es abrirse a lo inesperado, a que la obra que se concibió por mucho tiempo pueda desaparecer sin mesa de reclamos o que se resignifique por las marcas de los otros o, incluso, del paso del tiempo. "Lo efímero tiene algo particular que es difícil, que es tomar la decisión de que algo que llevó mucho tiempo o mucho esfuerzo desaparezca. No por lo material sino porque sabemos que algo que dura poco puede pasar al olvido muy rápido".

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Pero no es esta posibilidad de la incertidumbre lo que lo mantiene en acción. Para Andreatta lo más interesante del street art es el efecto sorpresa en los demás, que "la gente se encuentre con una obra cuando no la está buscando, eso genera una interpelación al sujeto muy interesante. Naturalizar que el arte puede estar en cualquier lado y no sólo adentro de un museo es un ejercicio sano", dice.

Y señala como factor positivo "la democratización" porque "el arte no se puede consumir o no se puede hacer cuando hay otras necesidades no cubiertas. Y eso también pasa con los artistas... es muy difícil pintar con óleo si no tenés un mango porque el óleo es carísimo. El street art tiene esta capacidad bastante única de democratizar el acceso a una obra en un contexto muy posible como es la calle".

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¿Todo es arte?¿Nada lo es? ¿Cómo se resignifica en la calle la expresión artística? "Hay quienes conciben el street art como pintura o mural sobre pared, me parece que se puede hacer mucho más, por ejemplo, Banksy. Ahora el tipo está con el esténcil pero supo hacer cosas muy hermosas como la cabina de teléfono acostada y derretida. Todo es street art: el que hace un tag en una pared recién pintada bien ahí para molestar o el que envuelve una casa, como yo. Te dirán que el street art es cuando no tenés permiso. Bueno yo ahí no estoy cien por ciento de acuerdo, o por momentos sí, no tengo una concepción muy definida en ese sentido porque dependiendo la situación social, la técnica, esa barrera entre lo que es y lo que no es, se borra un montón ¿quién puede juzgar que algo es street art y quién no?", se pregunta.

Lo que sí está claro es la ocupación del espacio público como enunciación política y estética. "Soy de los que piensan que todo es político, el espacio público también. Y me interesa sobre todo la belleza y estoy yendo para ese lado. Pero mi principal búsqueda no está ahí sino en poner algo en un lugar donde no se supone que tiene que estar". Por ejemplo, una caja fuerte en el espacio público "hace caer el sentido de protección"; la ropa interior como "tabú colgada en una plaza", la casa envuelta para regalo "es algo desmedido, ridículo por el tamaño quizá". "Me gusta mucho la idea de algo que no tiene que estar ahí, esté", concluye.

Telam

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